miércoles, julio 10, 2013

María Luisa:

Trato de ponerme en su lugar y creo entender la nostalgia que le produce dejar el campo, sus papás y sus hermanas. Con su situación me es inevitable pensar en la finca de mi abuela en Chipaque, Cundinamarca. Ganado y cultivos fueron suficientes para que mi abuela sacara adelante a todos sus hijos e hijas, entre ellas mi madre. Soy nieto de una mujer campesina e hijo de una mujer de la provincia del antiplano cundiboyancese.

Mi madre tomó la decisión en 1985 de venir a Bogotá. Se vino en condiciones muy parecidas a las suyas: joven, soltera, con estudios secundarios y sobre todo con una maleta llena de miedos. Empezó siendo secretaria en la librería de la universidad Nacional, luego en la Universidad Santo Tomás y después hizo lo mismo en una empresa llamada RAZA. Hoy, 25 años después, tiene una posición ejecutiva en el banco BBVA, una vivienda propia, un hijo de 22 a punto de ser profesional y un carro con el cual puede ir y venir de Chipaque cada vez que le da “mamitis”.

Y aquí estoy yo, a punto de graduarme de la universidad y empezar a trabajar. Sin embargo hay una gran diferencia: Empiezo desde un punto mucho más cómodo que mi madre. Soy afortunado de no tener que pensar en la comida del día o en pagar una renta teniendo 22 años ¿Sabe por qué? Porque mis padres, los dos de provincia, pudieron construir para mí un mejor futuro y me han hecho las cosas realmente muy fáciles y hoy, desde Bogotá, imagino mi futuro en otra ciudad del mundo.

María Luisa, con esta historia pretendo modestamente hacerle saber que Bogotá es una ciudad de oportunidades para todos. Venir aquí como empleada doméstica de seguro será el comienzo de un camino que la puede llevar muy lejos a usted, a sus futuros hijos, nietos y bisnietos. Lo único que necesita es tomar la decisión y encontrar en usted la fuerza interior para cumplir sus sueños. Veo en usted a mi madre y seguro que en unos años va tener hijos y nietos muy orgullosos de usted, tal como lo estoy yo de la mía.

Como le decía, el buen hijo siempre vuelve a casa, y vuelve con toda la manada. Ahora soy yo quien va a Chipaque a visitar a mi abuela, tíos, tías, primos y primas. Ahora soy yo, quien a veces en búsqueda de un paisaje más verde, va a aquella finca que alguna vez le dio de comer a mis antepasados y que ahora se muestra ante mí como un segundo hogar.

Dicho todo esto, solo me queda decirle que Bogotá la espera con las puertas abiertas y que depende de usted y solo de usted aprovechar las oportunidades que la ciudad le presente.